Democracia como forma de vida

La permanencia del orden republicano no es una gratuidad histórica. Tampoco es consecuencia de una declaración formal, de una vivencia aparencial de principios. Por el contrario, es fruto de una aceptación honda y sincera de los principios de la democracia constitucional por parte de todos los componentes sociales, pero especialmente de aquellos en quienes recae la responsabilidad directa de crear las condiciones existenciales de la vida republicana. Son principios que nada tienen que ver con la ideología ni con la voluntad autocrática de poder. O dicho de otro modo: son principios que sólo pueden subsistir si la ideología se ahoga en la verdad y la voluntad autocrática de poder en la razón.







Juan Germán Roscio

Juan Germán Roscio

Reivindicar la historia

Debemos hacer resonar las campanas de la historia para recordarnos que alguna vez (1958-1998) el pueblo de Venezuela existió como una República civil, en la cual la justicia, la razón y la amistad cívica fueron los pilares de nuestra convivencia pacífica.

Firma del Pacto de Puntofijo (Caracas, 31 de octubre de 1958)

sábado, 20 de marzo de 2010

Prefacio a La Política de Aristóteles // Tomás de Aquino

PREFACIO A “LA POLÍTICA”
"in libros Politicorum Aristotelis expositio"
Prooemium S. Thomae [§ 1-8]


1. – Como lo enseña Aristóteles, en el segundo libro de la Física, las técnicas se inspiran en la naturaleza. La ra¬zón es la siguiente: la relación entre dos series de ope¬raciones y de efectos es proporcional a la de sus prin¬cipios recíprocos. Ahora bien: el principio de toda pro¬ducción humana es la inteligencia, y ésta deriva, según cierta semejanza, de la Inteligencia Divina, principio ella misma de las cosas naturales, de lo que se concluye que las operaciones y los productos de nuestras técnicas necesariamente imitan las operaciones y los productos de la naturaleza.

Así, cuando un oficial le pone el ejemplo al aprendiz que espera de aquél el saber hacer, es necesario que el aprendiz ponga toda su atención en la manera de proceder del maestro para operar él mismo de modo semejante.

He aquí por qué el espíritu humano, que recibe de Dios todas las luces de su inteligencia, debe necesariamente instruirse para sus propias producciones en la observación de la naturaleza y obrar similarmente.

2. – De allí esta observación de Aristóteles sobre nues¬tras técnicas: si el hombre pudiera —dice— fabricar cosas totalmente naturales, obraría exactamente de la misma manera que la naturaleza; y a la inversa, si la na¬turaleza debiera producir obras de arte, procedería de manera semejante a la del arte.

Sin embargo, es cierto, la naturaleza no produce nin¬guna de las obras de la técnica: se contenta con disponer algunos de sus principios, brindando así a los hom¬bres el modelo que de algún modo deberá inspirar sus actos. Ciertamente el hombre de acción puede exami¬nar con mayor atención las obras del universo, y servirse de su examen para llevar a feliz término lo que quiere hacer. Sin embargo, no sabría producir cosas naturales.

De aquí se concluye que el conocimiento de las reali¬dades naturales es solamente teórico, mientras que el de las obras humanas es a la vez teórico y productor; que por consecuencia las ciencias de la naturaleza son especulativas, y que las que tienen por objeto algún acto humano son prácticas, o sea, operan inspiradas en la naturaleza.

3.- La naturaleza procede, en sus operaciones, de lo simple a lo compuesto, y de tal manera que su obra más compleja es también la más perfecta, la más acabada y razón de ser de todas las demás, lo cual puede cons¬tatarse en cualquier todo respecto de sus partes.

Por esto, la razón práctica del hombre, al ir de lo sim¬ple a lo complejo, avanza también de las cosas menos perfectas a las más perfectas.

4.- Pero la razón humana no debe solamente poder disponer de los materiales que se ofrecen a su uso; debe disponer también de los hombres mismos, en cuanto los gobierna, y en ambos dominios procede de lo simple a lo complejo.

Los materiales que se ofrecen al uso de la razón son la madera con la que se hace un navío, las piedras y las vigas que le sirven para edificar una casa. En cuanto a los hombres mismos, la razón debe, por ejemplo, orga¬nizar a muchos hombres en una cierta comunidad.

Y puesto que las comunidades humanas difieren en¬tre sí según su categoría y ordenación respectivas, la suprema será la civil, cuya finalidad es bastarse por sí misma para la vida humana; por lo cual ella es entre todas la más perfecta.

Ahora bien: todo lo que el hombre puede usar se ordena a él mismo, quien les es superior, como a su fin.

Es pues necesario que de lo que puede ser conocido y producido por la razón, el "todo" constituido por la ciudad sea el más importante.

5.- De estas consideraciones sobre la ciencia política, que Aristóteles nos entrega en esta obra, podemos aho¬ra obtener cuatro conclusiones:

La primera, como es normal, concierne a la necesidad de tal ciencia. Todo lo que podemos conocer racionalmente necesita, en efecto, ser elevado por alguna doc¬trina a la perfección de la sabiduría humana llamada filosofía. Es así que el "todo" formado por la ciu¬dad también es sujeto de ciertos juicios racionales; lue¬go es necesario para la perfección de la filosofía ela¬borar acerca de la ciudad una doctrina llamada "polí¬tica", o dicho de otro modo, una ciencia social.

6.- En segundo lugar, podemos inferir el género al que pertenece esta ciencia. Las ciencias prácticas, co¬mo sabemos, se distinguen de las ciencias especulativas en que estas últimas giran alrededor del simple conocimiento de la verdad, mientras que aquéllas están or¬denadas a la acción. Debemos, pues, incluir la ciencia política en el ámbito de la filosofía práctica: la ciudad es una cierta entidad respecto de la cual la razón hu¬mana no sólo es cognoscitiva, sino también operativa.

Pero aún debemos distinguir, dentro de la razón prác¬tica, dos aspectos operativos: uno actúa a la manera del fabricante cuya actividad se transmite a la materia exterior: es lo propio de las técnicas llamadas mecáni¬cas, como la del herrero, la del ingeniero, etc. El otro actúa de manera tal que su actividad, al contrario, per¬manece en quien actúa: como cuando deliberamos, escogemos, queremos, etc., acciones todas estas cuyo estudio concierne a la filosofía moral.

Es así que la cien¬cia política tiene por objeto el ordenamiento de los hombres, luego es claro que no debe incluirse dentro de las ciencias productivas (o técnicas mecánicas), sino entre las de la acción, o sea, entre las ciencias morales.

7.- En tercer lugar, podemos inferir cuál es, en rela¬ción con las demás ciencias prácticas, la dignidad de la política, su rango. Se ha visto, en efecto, que como todas las demás comunidades humanas deben referirse se a la ciudad, es ella la más importante de cuantas rezón humana pueda constituir.

Además, todos los organismos constituidos por las ciencias productivas con los materiales que se ofrecen su uso se ordenan al hombre como a su fin. Entonces, si la ciencia principal es la que trata del objeto más noble y perfecto, necesariamente es la política la princ¬ipal, la ciencia arquitectónica, digámoslo así, respecto todas las demás ciencias prácticas, al menos en cuanto al bien último y perfecto en las cosas humanas. Y por esto afirma Aristóteles, al final del décimo libro de la Ética, que la filosofía de las cosas humanas “culm¬ina” con la política.

8. – Finalmente, basados en lo que acabamos de decir, demos definir el modo y el orden propios de esta ciencia.

¿Qué hacen las ciencias especulativas cuando se dedican al examen de un todo cualquiera? Elaboran, fun¬dadas en la observación de las partes y principios del conjunto sujeto a estudio, un concepto capaz de dar razón de aquello a lo que tal conjunto se encuentra su¬bordinado, así como los procesos que él mismo pone en juego. De igual modo nuestra ciencia, al considerar las artes y los principios constitutivos de la ciudad, definirá el concepto que da razón de las partes de las que está formada, de aquello a lo que se subordina y de los procesos que ella misma pone en juego.

Y como sigue siendo "práctica", la política explicará también por qué medios puede lograrse la perfección propia de cada uno de estos tres elementos, lo cual es necesario en toda ciencia práctica.

(Fin del Prefacio de Santo Tomás al Comentario de los
Libros de la Políti¬ca de Aristóteles.)

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